sábado 1 de noviembre de 2008

Raúl y la necesidad de la memoria.

Leo con asombro un artículo sobre Raúl del periodista francés Frederic Hermel (http://www.as.com/opinion/articulo/raul-necesidad-memoria/dasopi/20081102dasdaiopi_4/Tes) en el que se justifica su crédito infinito frente al de los demás compañeros.

Apelar a la memoria en un mundillo que vive tan al día supone caer en una contradicción. El fútbol, como la vida, se rige por las leyes de la evolución, y a los jugadores se les debe juzgar por su presente, por muy fastuoso que pudiera ser su pasado. Al hilo de esta lógica del señor Hermel y sus acólitos (entre ellos muchos amigos míos que espero no se enfaden) podríamos decir que los más de mil goles de Pelé justificarían su titularidad en la actual selección brasileña (si O Rey decidiera volver, claro). Pero cuando hablamos de Raúl, los números no suponen una base argumental tan clara. Es decir, un delantero que ha anotado 209 goles en 490 partidos está muy lejos de ser objetivamente determinante.

La prensa (y, por ende, el aficionado) decidió adoptar a Raúl como nuevo prócer mediático en una época en que la Quinta del Buitre entraba en decadencia y urgía hallar un nuevo adalid del madridismo. La historia recordará a Raúl como cabecilla de una generación que ofreció una segunda Edad de Oro a su club, pero socavará injustamente a jugadores tan sobresalientes como Redondo, Seedorf o Roberto Carlos, iguales en peso específico que el madrileño pero mediáticamente infravalorados (unos más que otros).

La Europa futbolística, que tuvo siempre una visión más imparcial, se resistió a reconocer a Raúl como verdadero Crack (Balón de Plata en una temporada en la que el Balón de Oro lo ganó ¡¡Owen!!) . Abramos los ojos y reconozcamos que la realidad que se nos vende en este país está muy lejos de la perspectiva objetiva que posee el resto del mundo.