lunes 9 de febrero de 2009

Kaka-Cristiano. Maneras de vivir, maneras de jugar.



Hay jugadores capaces de representar por si solos toda una cultura futbolísta. Steven Gerrard, por ejemplo, aúna en su figura todas las virtudes que le presuponemos al fútbol inglés. Zinedine Zidane es mucho más venerado en Madrid que en Turín, donde el pragmatismo italiano ha colocado a Nevded a su lado en la memoria de los tifosi. La propia idiosincrasia del Real Madrid hizo que Ronaldo, aun promediando casi treinta goles por temporada, nunca se librara de los silbidos de la grada.

Todo esto me viene a la cabeza mientras veo un 0-5 del Manchester United en el que Cristiano Ronaldo ha hecho dos de los tantos. Lo veo jugar y siento que ese endiosamiento autoconsciente del que hace gala, esos gestos de indolencia o esa sencación de estar librando siempre una batalla al margen de la de sus compañeros nunca serían bien vistas por la afición del Bernabeu. Tenemos en el otro Ronaldo un ejemplo muy cercano.

Como contrapunto pienso en el perfil de Kaka, con su abnegada entrega a unos valores y sus declaraciones públicas siempre mesuradas, con su inteligencia puesta siempre al servicio del equipo. Un jugador capaz de dominar el fútbol vertiginoso que ha endiosado a Cristiano y el fútbol pausado que lo vio diluirse en la Eurocopa. Un jugador capaz de ser grande en todas las condiciones posibles (si obviamos el desastre táctico del Brasil de Parreira en el último Mundial). No nos debe extrañar que el brasileño conquistara Italia en su primer año sin adaptación previa y Ronaldo tardara dos en asumir los conceptos de Ferguson.

Kaka y el Madrid se necesitan mutuamente. El jugador se ahoga por momentos en ese cementerio de elefantes en el que se ha convertido el Milan y sabe que su fichaje por los blancos multiplicaría su potencial en todos los sentidos. Por su parte, el madridismo pide a sus estrellas algo más que excelencia en el juego. Entiende que el peso de su tradición exige estar a su altura más allá de lo meramente futbolístico. ¿Estaría a la altura Cristiano? Sospecho que Florentino aprendió la lección y en Junio vendrá con el brasileño bajo el brazo...

lunes 19 de enero de 2009

Sobre el Balón de Oro



El sábado por la tarde, mientras el Barça pasaba de nuevo como un ciclón sobre el césped del Camp Nou, estuve jugando a la pelota con mi sobrino de dos años. El juego era tan simple como divertido para él (y la carcajada de un niño nunca es forzada): yo me situaba a unos metros de distancia con las piernas abiertas y él trataba de colarme el balón entre ellas. Cada vez que lo conseguía yo comenzaba a hacer aspavientos y a lamentarme profundamente por el caño sufrido y esta imagen lo hacía reír con más fuerza aún. Recordé entonces las tardes interminables jugando en el barrio y cómo en esa época dolían más los caños que los goles en contra. Se sobrentendía que el mejor jugador, el primero en ser elegido siempre, era el mejor regateador.

Cuando volvimos a casa estaban repitiendo en la tele el gol de Messi y las quejas de Eto´o por no cederle la pelota. Sabemos que el fútbol es sobre todo la emoción del resultado, pero lo que realmente nos eriza la piel es esa posibilidad de espectáculo siempre latente, eso que podría pasar siempre que jugadores como Iniesta o Messi reciben al pie, porque es ahí donde nos reencontramos con el niño que fuimos. Entendí entonces por qué, salvo milagros como el de Cannavaro, jugadores tan determinantes como Eto´o o Gerrard nunca serán galardonados con el Balón de Oro. Y es que a ellos sólo podemos verlos con ojos de adulto.

sábado 1 de noviembre de 2008

Raúl y la necesidad de la memoria.

Leo con asombro un artículo sobre Raúl del periodista francés Frederic Hermel (http://www.as.com/opinion/articulo/raul-necesidad-memoria/dasopi/20081102dasdaiopi_4/Tes) en el que se justifica su crédito infinito frente al de los demás compañeros.

Apelar a la memoria en un mundillo que vive tan al día supone caer en una contradicción. El fútbol, como la vida, se rige por las leyes de la evolución, y a los jugadores se les debe juzgar por su presente, por muy fastuoso que pudiera ser su pasado. Al hilo de esta lógica del señor Hermel y sus acólitos (entre ellos muchos amigos míos que espero no se enfaden) podríamos decir que los más de mil goles de Pelé justificarían su titularidad en la actual selección brasileña (si O Rey decidiera volver, claro). Pero cuando hablamos de Raúl, los números no suponen una base argumental tan clara. Es decir, un delantero que ha anotado 209 goles en 490 partidos está muy lejos de ser objetivamente determinante.

La prensa (y, por ende, el aficionado) decidió adoptar a Raúl como nuevo prócer mediático en una época en que la Quinta del Buitre entraba en decadencia y urgía hallar un nuevo adalid del madridismo. La historia recordará a Raúl como cabecilla de una generación que ofreció una segunda Edad de Oro a su club, pero socavará injustamente a jugadores tan sobresalientes como Redondo, Seedorf o Roberto Carlos, iguales en peso específico que el madrileño pero mediáticamente infravalorados (unos más que otros).

La Europa futbolística, que tuvo siempre una visión más imparcial, se resistió a reconocer a Raúl como verdadero Crack (Balón de Plata en una temporada en la que el Balón de Oro lo ganó ¡¡Owen!!) . Abramos los ojos y reconozcamos que la realidad que se nos vende en este país está muy lejos de la perspectiva objetiva que posee el resto del mundo.

miércoles 8 de octubre de 2008

Messi-Agüero, dimensiones diferentes


Escribía la semana pasada Alfredo Relaño que a Sergio Agüero debemos situarlo ya al nivel del mejor Romario y un escalón por encima de Messi si atendemos a sus cifras goleadoras. Si a un delantero se le juzga por estas cifras, recordemos que el mejor Romario anotó en una temporada más de 40 goles. Recordemos también que el "peor" Romario hacía registros similares en cualquier Liga. Si hurgamos bien en los números de Agüero, vemos que el Kun ha hecho 27 goles en 78 partidos en la liga española, una media de 0,35 goles por partido. Para el director de "as" la diferencia entre los dos argentinos la marcaba la alarmante falta de eficacia de Leo. Repasemos sus números: 29 goles en 64 paridos de Liga con el Barça, una media de 0,45 goles por partido, siendo el rosarino un "10" cuyo campo de acción está veinte metros más lejos de la portería que el de un delantero centro.
Otro lugar común de la prensa es que Agüero, al contrario que Messi, es un jugador que ofrece una lectura colectiva del juego. Pero todos sabemos que el exceso de individualismo puede ser reconducido ( ya se empieza a notar la mano de Guardiola), mientras que las cualidades innatas de Leo son intransferibles. Nunca podrá el Kun aportar su manejo del balón (Messi necesita un toque para lo que Agüero necesita varios), su insultante facilidad para gobernar partidos, esa impresión de estar muy por encima de los demás jugadores sobre el campo...
Agüero lucha contra los mejores del mundo, Messi lucha contra los mejores de la historia ( aunque Maradona le queda muy lejos).

lunes 21 de julio de 2008

Ronaldinho y Milanello: la máquina de la verdad.


Las sofisticadas máquinas del Technogym de Milanello aguardan ansiosas su cometido más ambicioso: recuperar para el fútbol al último jugador que osó codearse con los mitos de este deporte. Durante cuatro años, Ronaldinho fascinó por igual a cientificistas y a románticos, porque acompañó sus habituales despliegues de magia con cifras que regalaron al barcelonismo una segunda edad de oro. Tenía 26 años, el ansiado Balón de Oro, una Copa de Europa y un Mundial por delante para reivindicar un hueco entre los dioses.

El desacertado sistema de Parreira ahogó su fútbol retrasándolo 30 metros y Brasil naufragó en un campeonato que debió ser suyo. Pese a no conseguir títulos, la siguiente temporada quedó maquillada por sus 21 goles (la mayoría a balón parado) y algunos destellos esporádicos que no consiguieron ocultar atisbos de su declive. Los mismos excesos que a los 20 años no mermaban su privilegiado cuerpo, empezaron a pasarle factura a los 27. Su físico empezó a no acompañar a su prodigiosa técnica y las célebres exhibiciones de antaño fueron convirtiéndose en apariciones cada vez más inofensivas en zonas neutras del campo. El Camp Nou dictó sentencia y Laporta no estaba en condiciones de contradecir a la afición y al entorno.

En varios meses, la avanzada tecnología de Milanello, centro que permite una atención individualizada cuidada al milímetro, resolverá el misterio: Ronaldinho soltará el lastre de los kilos y sabremos por fin si, como tememos, su peso sólo era un síntoma más de su decadencia definitiva.

viernes 4 de julio de 2008

España y la memoria del fútbol

El imaginario colectivo del fútbol se alimenta de jugadores y equipos que, amén de conseguir triunfos, trataron bien al espectador. La Italia campeona del mundo en el 2006 pasó por el campeonato ganándose nuestro respeto, pero no nuestra admiración (al menos la de un servidor). En la década de los 70, Holanda no ganó un sólo torneo de selecciones, pero encontró acomodo en la historia por el impacto que su fútbol provocó en nuestras retinas.

Ahora leo en algunos periódicos que la España que ganó la Eurocopa no fue la del toque y la posesión, sino la del rigor táctico y el contraataque. Cierto, pero hasta un punto. No es lo mismo que un contraataque lo guíen Gatusso y Camoranessi que Iniesta, Cesc o Silva: una cosa es la idea y otra la forma y los medios para ejecutarla. Al Milan de Sacchi, por ejemplo, le salieron muchos imitadores de su zona presionante pero, como no contaban con las prestaciones de Gullit, Van Basten o Rijkaard, naufragaron en su mayoría. Así sí cobra sentido esa máxima que dice que el fútbol es de los jugadores.

Como la Holanda del 74, esta España campeona encontró su idea partiendo de las cualidades de sus propios jugadores, casi todos exquisitos. Como ganó y trató bien al espectador, su victoria será siempre algo más que un dato en la memoria futbolística.

miércoles 2 de julio de 2008

La sombra de Maradona

Como vivimos en la sociedad de la imagen y lo efímero, es frecuente asistir al derribo de mitos a golpe de ignorancia. Así, es muy común en las tertulias periodísticas comparar a ciertas figuras en apogeo, o incluso a ídolos emergentes con escaso bagaje, con los dioses de nuestro olimpo futbolístico. Para argumentar la comparación recurren a explicaciones tan manidas como falsas: "en su época había más espacios", "las defensas no eran tan fuertes"...

Entonces, siempre me viene a la memoria una entrevista a Paolo Maldini en la que fue preguntado sobre el mejor jugador al que se había enfrentado. Maldini, que ha sobrevivido a varias generaciones de genios (Platini, Van Basten, Romario, Ronaldo, Zidane...), respondió sin pestañear que entre Maradona y los demás distaba un inmenso abismo ( lo hizo con gestos que aquí no podemos dibujar).

Maradona triunfó en un fútbol donde dominaba el 5-3-2 y un centro del campo superpoblado (lo que desmonta argumentos simples como los anteriores) y fue, en palabras de Víctor Hugo Morales, "el más eficaz de los artistas". Todos los que fueron comparados con él apuntaban alguna de sus cualidades (Zidane el control y el conocimiento del juego, Messi el regate y la explosividad, Ronaldinho [el que más se le acercó] la magia y algunas otras...), pero todas esas cualidades aunadas sólo se dieron en la figura de Diego.

Eficacia y plasticidad. Y si no, pregunten a un tal Maldini...