lunes 21 de julio de 2008

Ronaldinho y Milanello: la máquina de la verdad.


Las sofisticadas máquinas del Technogym de Milanello aguardan ansiosas su cometido más ambicioso: recuperar para el fútbol al último jugador que osó codearse con los mitos de este deporte. Durante cuatro años, Ronaldinho fascinó por igual a cientificistas y a románticos, porque acompañó sus habituales despliegues de magia con cifras que regalaron al barcelonismo una segunda edad de oro. Tenía 26 años, el ansiado Balón de Oro, una Copa de Europa y un Mundial por delante para reivindicar un hueco entre los dioses.

El desacertado sistema de Parreira ahogó su fútbol retrasándolo 30 metros y Brasil naufragó en un campeonato que debió ser suyo. Pese a no conseguir títulos, la siguiente temporada quedó maquillada por sus 21 goles (la mayoría a balón parado) y algunos destellos esporádicos que no consiguieron ocultar atisbos de su declive. Los mismos excesos que a los 20 años no mermaban su privilegiado cuerpo, empezaron a pasarle factura a los 27. Su físico empezó a no acompañar a su prodigiosa técnica y las célebres exhibiciones de antaño fueron convirtiéndose en apariciones cada vez más inofensivas en zonas neutras del campo. El Camp Nou dictó sentencia y Laporta no estaba en condiciones de contradecir a la afición y al entorno.

En varios meses, la avanzada tecnología de Milanello, centro que permite una atención individualizada cuidada al milímetro, resolverá el misterio: Ronaldinho soltará el lastre de los kilos y sabremos por fin si, como tememos, su peso sólo era un síntoma más de su decadencia definitiva.

viernes 4 de julio de 2008

España y la memoria del fútbol

El imaginario colectivo del fútbol se alimenta de jugadores y equipos que, amén de conseguir triunfos, trataron bien al espectador. La Italia campeona del mundo en el 2006 pasó por el campeonato ganándose nuestro respeto, pero no nuestra admiración (al menos la de un servidor). En la década de los 70, Holanda no ganó un sólo torneo de selecciones, pero encontró acomodo en la historia por el impacto que su fútbol provocó en nuestras retinas.

Ahora leo en algunos periódicos que la España que ganó la Eurocopa no fue la del toque y la posesión, sino la del rigor táctico y el contraataque. Cierto, pero hasta un punto. No es lo mismo que un contraataque lo guíen Gatusso y Camoranessi que Iniesta, Cesc o Silva: una cosa es la idea y otra la forma y los medios para ejecutarla. Al Milan de Sacchi, por ejemplo, le salieron muchos imitadores de su zona presionante pero, como no contaban con las prestaciones de Gullit, Van Basten o Rijkaard, naufragaron en su mayoría. Así sí cobra sentido esa máxima que dice que el fútbol es de los jugadores.

Como la Holanda del 74, esta España campeona encontró su idea partiendo de las cualidades de sus propios jugadores, casi todos exquisitos. Como ganó y trató bien al espectador, su victoria será siempre algo más que un dato en la memoria futbolística.

miércoles 2 de julio de 2008

La sombra de Maradona

Como vivimos en la sociedad de la imagen y lo efímero, es frecuente asistir al derribo de mitos a golpe de ignorancia. Así, es muy común en las tertulias periodísticas comparar a ciertas figuras en apogeo, o incluso a ídolos emergentes con escaso bagaje, con los dioses de nuestro olimpo futbolístico. Para argumentar la comparación recurren a explicaciones tan manidas como falsas: "en su época había más espacios", "las defensas no eran tan fuertes"...

Entonces, siempre me viene a la memoria una entrevista a Paolo Maldini en la que fue preguntado sobre el mejor jugador al que se había enfrentado. Maldini, que ha sobrevivido a varias generaciones de genios (Platini, Van Basten, Romario, Ronaldo, Zidane...), respondió sin pestañear que entre Maradona y los demás distaba un inmenso abismo ( lo hizo con gestos que aquí no podemos dibujar).

Maradona triunfó en un fútbol donde dominaba el 5-3-2 y un centro del campo superpoblado (lo que desmonta argumentos simples como los anteriores) y fue, en palabras de Víctor Hugo Morales, "el más eficaz de los artistas". Todos los que fueron comparados con él apuntaban alguna de sus cualidades (Zidane el control y el conocimiento del juego, Messi el regate y la explosividad, Ronaldinho [el que más se le acercó] la magia y algunas otras...), pero todas esas cualidades aunadas sólo se dieron en la figura de Diego.

Eficacia y plasticidad. Y si no, pregunten a un tal Maldini...

Dani Alves: 3 en 1


Jorge Valdano escribió en cierta ocasión que a Roberto Carlos había que felicitarlo siempre tres veces tras cada partido: al defensa, al mediocampista y al delantero. En el fútbol moderno encontramos una extensa nómina de laterales que pueden hacer las veces de medio o de extremo, pero siempre como función secundaria, nunca con las prestaciones y la amplia gama de recursos que ofreció durante muchos años Roberto Carlos, un jugador de dimensiones históricas.

El primero en la línea de sucesión del madridista es Daniel Alves. Se trata de un jugador que aterrizó en España a una edad muy temprana con el único bagaje de su técnica y que, tras pasar por el experimentado filtro de Joaquín Caparrós, desarrolló de manera superlativa las cualidades que se le sospechaban y añadió a éstas un sentimiento desmesurado de competitividad. Pero nadie, ni siquiera Monchi, podía suponer que su figura alcanzaría tal magnitud. Sólo Dunga parece ignorar que las coberturas que Alves obliga a hacer a su equipo se ven ampliamente compensadas por su demoledora aportación en ataque. Aún así, juntarlo en la historia con Roberto Carlos es, hoy por hoy, una blasfemia.

martes 1 de julio de 2008

APUNTES DE LA EUROCOPA


Concluida la Eurocopa, es tiempo para el análisis de lo que nos ofreció un campeonato que nos devolvió la fe en el talento y la técnica. Celebramos desde aquí el reconocimiento a Xavi, un jugador cuyas carencias (pase largo, disparo, velocidad, inoperancia defensiva...) se diluyeron en el engranaje de una máquina que supo aunar como nadie arte y disciplina.

Sorprendió la temprana eliminación de Portugal, un equipo que ocultaba sus lagunas tras la excelsa figura de su jugador estrella, Cristiano Ronaldo. Ante Alemania, la eterna apisonadora venida a menos, vimos que Simao fue Simao, un jugador que en el más alto nivel no puede ser más que mera comparsa; Deco fue la mejor versión posible del Deco actual, una sombra de su grandeza de antaño; Cristiano descubrió que hay partidos, torneos y ligas que exigen una lectura del juego radicalmente opuesta al fútbol vertiginoso que le ha visto triunfar. Y un apunte más sobre Ronaldo: en ese proceso de musculación que siguió en Manchester ganó fuerza y potencia, pero en detrimento de las virtudes que le lanzararon al estrellato, la agilidad y la habilidad en el regate. Entren en Youtube y comparen videos de años anteriores con los de esta temporada.

El descubrimiento más celebrado del torneo fue el ruso Arshavin, de quien se dice que posee todas las cualidades para despuntar en un grande. Pero conviene recordar que grandes actuaciones en la liga rusa y en la Uefa (dos campeonatos de segundo nivel), amén de su show maradoniano ante Holanda (un sólo partido), son avales poco sólidos que exigen, cuando menos, prudencia en las afirmaciones tajantes. Me viene a la mente el primer partido de Robinho en Cádiz, hecho que se celebró como el advenimiento del nuevo Pelé. Después comprobamos, no sin cierta tristeza, que cualquier jugador puede vestirse de Pelé momentáneamente si se dan las circunstancias adecuadas, empezando por una que nadie tuvo en cuenta: el jugador y sus cualidades eran desconocidas para los rivales. Con esto quiero decir que, ante Holanda, Arshavin jamás volverá a vestirse de Maradona.